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Ainhoa Iribar Lizeaga

22/05/2020

Bulegoa

07:00 de la mañana del 19 de mayo, suena el despertador y me voy nerviosa a la ducha. Emoción similar a la que te provoca una primera cita, pero muy diferente a su vez.

Olor a café en la cocina, me preparo el desayuno y la bolsa de la comida al mismo tiempo. 20 minutos en total para desayunar, limpiarme los dientes y salir corriendo, primer reto del día conseguido 😉 .

Nada más entrar al coche pongo en marcha el disco que ha estado parado durante un largo periodo de tiempo. Escuchar los primeros segundos han sido suficientes para que me provocara una sonrisa. Antes de que ocurriera todo esto, cuántas veces habré pensado que ya era hora de cambiar el disco. ¡Menos mal que siempre he sido un poco desastre para eso!

Mi trayecto era el habitual, pero esta vez no ha sido lo mismo.

Aparcar el coche y sacar las llevas de TaPuntu del bolso. La puerta del local ante mis ojos, luces apagadas, sillas vacías y muchas cartas en el suelo.

Encontrarme con esa realidad me ha superado por un instante. Simplemente quería entrar, encontrarme con alguien y hacer algún chiste malo. Quería volver a revivir ese momento.

Querer y no poder…


¡Cuántas veces habrá pasado esa frase por mi cabeza en los últimos meses!

Gracias a esa primera cita tan rara, me he dado cuenta de que la realidad de TaPuntu ha cambiado por completo. Es entonces cuando me he acordado de una frase que me dijo uno de mis compañeros hace dos semanas: «las cosas no están igual y no van a estarlo».

Por mucho que no sea palpable, tengo claro que el cambio más drástico ha sido lo vivido por cada persona de nuestro equipo. Cada cual ha tenido que mirar de frente a la realidad de su casa y adaptarse a marchas forzadas. Realidades muy diferentes entre sí pero que cada una de ellas ha hecho que las personas de nuestro equipo cambien. No somos las mismas personas y no lo vamos a ser.

Abro el buzón de mi correo electrónico y veo que he recibido bastantes correos informando sobre medidas económicas así como de medidas sanitarias.

Y me pregunto ¿dónde están las medidas para cuidar la parte emocional?

Es entonces cuando he lavantado la cabeza y me he fijado en el corazón que dibujamos en la cristalera a comienzos de marzo. Pequeño detalle pero grande a su vez.

Las emociones tienen lugar en nuestro pequeño universo, y eso sí que puedo decir, que no va a cambiar.